¿Sabes cual fue el primer accidente de tráfico?

15 de abril de 2013

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El 17 de agosto de 1896, Bridget Driscoll, una mujer de 44 años, madre de dos hijos, se convirtió en la primera víctima mortal de un accidente de tráfico.

Ella y su hija adolescente iban de camino a un espectáculo de baile en el Crystal Palace de Londres, cuando Bridget fue arrollada por un coche al atravesar los jardines del palacio. El coche iba a “gran velocidad” afirmo un testigo.

Posiblemente fuera a 12,8 km/h, cuando no debía ir a más de 6,4 km/h. 

El conductor era un joven que ofrecía paseos en coche para mostrar el nuevo invento, y, según algunos testigos, estaba tratando de impresionar a una joven pasajera. En la investigación, el funcionario encargado afirmo  “Esto no debe volver a ocurrir nunca más”.

 Fuente: Wor|d’s first road death. Londres, Roadpeace.(http://www.roadpeace.org/articles/WorldFirstDeath.html, consultada el 11 de diciembre de 2003


Un siglo de prevención y salud laboral

15 de abril de 2013

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  • En 1900 se aprobó lo que se considera la primera ley de seguridad social
  • El empresario se hace cargo de las consecuencias del accidente de trabajo
  • Se impulsan las mutuas y la puesta en marcha de los servicios de inspección

No hace tantos años de esta fotografía. Aunque se desconoce el año exacto, la imagen data del primer tercio del siglo XX. Los trabajadores de una empresa española dedicada a la extracción y explotación de carbón posaban en la bocamina antes de empezar su jornada laboral. Así como les vemos es como realizaban su trabajo. Sin cascos, sin guantes, sin mascarillas ni escafandras.

Mucho peor era su situación en la antigüedad. En las minas españolas de la época romana, por ejemplo, los mineros raramente vivían más de 30 años. Solían morir entre los 15 y los 20 años. Pero desde entonces, el panorama de la seguridad y la salud laboral ha cambiado notablemente, especialmente desde 1900.

Hasta comienzos del siglo XX, los avances han sido muy lentos. Ni con la Revolución Industrial, que conllevaba una nueva forma de producción basada en la fábrica, mejoraba la salud de los trabajadores. No fue hasta 1873 cuando se promulgó la Ley Benor, que prohibió el trabajo de los menores de 10 años y limitó la jornada a cinco horas para los menores de 13 años.

Según los expertos, lo que realmente marca un antes y un después en la historia de la prevención de riesgos laborales en nuestro país es la denominada Ley de Accidentes de Trabajo, que se aprobó en 1900. “Se considera la primera ley de seguridad social en España”, explica Fernando Benavides catedrático de Salud Pública de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Representó un cambio sustancial entre empresarios y trabajadores, ya que establece que “el patrono es responsable de los accidentes ocurridos a sus operarios” y, en consecuencia, “los obreros tendrán derecho a indemnización por los accidentes” sufridos como consecuencia del trabajo.

A partir de este momento, como argumenta otro experto en el libro ‘Trabajo y Salud. Desde la protección hasta la prevención’, Emilio Castejón, del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, los empresarios empezaron a contratar seguros para hacer frente a dichas indemnizaciones y a los gastos médicos, se impulsaron las mutuas de accidentes de trabajo, “se creó una administración laboral para vigilar, controlar y, en su caso, penalizar el incumplimiento de la Ley, se pusieron en marcha servicios de inspección y estadística, etc.”.

Un siglo de prevención

Han pasado más de 100 años y las cifras hablan por sí solas. Se pueden distinguir dos periodos: Los primeros 70 años, en los que la incidencia de lesiones por accidente de trabajo seguía incrementando, y desde 1970 hasta los primeros años del siglo XXI. En 1971 empiezan a bajar bruscamente, coincidiendo con la puesta en marcha de un sistema público de asistencia técnica preventiva a las pequeñas y medianas empresas (Plan Nacional de Higiene y Seguridad), entre otras medidas. La siniestralidad se redujo prácticamente a la mitad en sólo 10 años.

Estos resultados también pueden deberse a que “algunas actividades económicas como la minería han quedado casi olvidadas. España se ha convertido en un país de servicios”, asegura Fernando Benavides, que también es director del Centro de Investigación en Salud Laboral de la Universidad Pompeu Fabra.

“Antes, los accidentes laborales tenían más que ver con caídas, golpes, desprendimientos de objetos y proyecciones de partículas. Ahora, adquieren más importancia los problemas ergonómicos (por movimientos repetitivos, posturas forzadas o manipulaciones), que pueden derivar en hernias discales, lumbares, contracturas musculares, lesiones en los hombros, codos, muñecas… También fracturas, sobre todo de muñeca, fémur, tibia”.

En la actualidad, una de las principales causas de accidente laboral es el tráfico. Como afirma Benavides, “casi el 40% de los accidentes mortales de trabajo están relacionados con el tráfico”. Hoy en día, el factor de riesgo mortal más importante “está fuera de la empresa y es más complicado de prevenir”.

La prevención, a cargo de la empresa

En 1995 se dio un paso más, La Ley de Prevención Laboral. “La empresa, además de hacerse cargo de los gastos médicos y la indemnización, también es responsable de crear y mantener en su empresa una organización preventiva que se ocupe de la seguridad y la salud de sus trabajadores”, en lugar de limitarse a corregir deficiencias después de que se hubieran evidenciado.

Esto, junto a otras acciones, consiguió reducir la siniestralidad por accidente de trabajo en un 30% desde 2001 hasta 2008. Según las últimas estadísticas, en 2000 se registraron más de un millón de lesiones con baja y en 2009, 700.000.

Estos logros han mejorado la posición de España en Europa en la última década. “Teníamos un riesgo entre tres y cuatro veces mayor que un alemán, por ejemplo”, señala Benavides. Las estadísticas oficiales de Eurostat indican que “aún estamos un 10% por encima de la media de la Unión Europea -en 2000 estábamos en un 50%-“.

“El balance es positivo, incluso con la crisis económica, que hace que algunas empresas reduzcan su capítulo de gasto en prevención”, subraya el especialista de la Universidad Pompeu Fabra. Pero aún hay asignaturas pendientes, además de nivelarnos a los índices de siniestralidad europeos.

Desde 1995, asegura Benavides, “las empresas van incrementando su responsabilidad en la ejecución de presupuestos y recursos a las actividades de prevención”. Sin embargo, “la calidad de los proyectos debería progresar, es entre media y baja”. “Hay aspectos que se pueden mejorar y ahora que casi todo el mundo trabaja con ordenadores debería prestarse especial atención al diseño de la estación del trabajo, colocación del teclado, la pantalla, todo lo que se refiere a la luz, los reflejos, la orientación, la altura… Así se evitará tensiones musculares, dolores de cabeza, molestias en los ojos, etc.”.


¿Qué necesitan las bacterias para crecer? ¿Porqué se contaminan los alimentos?

4 de abril de 2013

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Por qué se contaminan los alimentos

Factores como los nutrientes de un alimento, el pH, la actividad de agua y la temperatura influyen de forma decisiva en el crecimiento microbiano

No todos los alimentos tienen el mismo riesgo de contaminación. Algunos, como la carne cruda, huevos, productos lácteos, frutas o verduras, son capaces de soportar el crecimiento de bacterias patógenas a niveles que no son seguros para los consumidores. Todo ello si no se siguen unas correctas pautas de manipulación y, sobre todo, de conservación. Otros alimentos, en cambio, conllevan menos riesgo de contaminación porque es más difícil que se desarrollen en ellos bacterias patógenas. Es el caso de frutos secos, pastas, pan y alimentos secos. El tipo de microorganismo y la cantidad que se desarrolle dependerá, por tanto, de las propiedades del alimento, la manipulación y las condiciones de almacenamiento. Las bacterias y los hongos necesitan, pues, ciertas condiciones para multiplicarse.

Qué necesitan las bacterias para crecer:

Las bacterias, en condiciones adecuadas, pueden dividirse cada 20 minutos. Los hongos también crecen rápido, y las necesidades son muy similares a las de las bacterias. Las bacterias están consideradas la principal causa de las enfermedades provocadas por el consumo de alimentos contaminados. Cuanto mayor es la calidad del alimento, menor es su contaminación por microorganismos y, por tanto, durará más. Pero si la contaminación es muy elevada, procesos como la refrigeración o congelación no serán eficaces. Si el alimento empieza a alterarse y cambia de color, textura o consistencia es signo de deterioro.

  • Nutrientes. La mayoría de los alimentos contienen suficientes nutrientes para que las bacterias puedan crecer, sobre todo en casos como lácteos y huevos, carnes y aves de corral y marisco. Las bacterias requieren elementos como carbono, nitrógeno, hidrógeno y fósforo, entre otros.
  • Agua. Las bacterias también necesitan agua para crecer; sin este componente, el crecimiento disminuye o se detiene, de ahí que una de las formas utilizadas para alargar la vida de algunos alimentos sea la deshidratación.
  • pH. Es la medida de acidez o alcalinidad, un factor determinante para controlar el crecimiento bacteriano. Con un pH bajo (condiciones ácidas) se detiene el desarrollo de bacterias, en ocasiones se ha añadido ácido láctico a los alimentos para aumentar la conservación; con un pH neutro, como es el caso de muchos alimentos, la mayoría de bacterias crecen muy bien.
  • Temperatura. Las bacterias responsables de intoxicaciones crecen a temperaturas de entre 5ºC y 60ºC, considerada la zona de peligro. Los alimentos perecederos tienen que mantenerse a temperaturas de refrigeración (unos 4ºC). Algunos microorganismos se destruyen a temperaturas de pasteurización, de ahí que se recomiende cocinar los alimentos hasta que su centro alcance los 75ºC.
  • Tiempo. Los microorganismos necesitan tiempo para crecer y multiplicarse. En condiciones favorables (humedad, temperatura) el crecimiento puede producirse cada 20 o 30 minutos. Si un alimento está contaminado con una pequeña cantidad de bacterias y se deja fuera de la nevera durante toda la noche, por ejemplo, al día siguiente el grado de contaminación será elevado.

Cómo prevenir el crecimiento bacteriano

Para el evitar el desarrollo de bacterias y que crezcan deben tenerse en cuenta los factores que más influyen en su desarrollo. La prevención es una de las mejores maneras de evitar intoxicaciones alimentos, y esta incluye una manipulación adecuada como principal defensa. Debe tenerse en cuenta que la mayor parte de las enfermedades de origen alimentario están causadas por una mala práctica higiénica en el ámbito doméstico, de ahí la importancia de que los consumidores asuman su responsabilidad en la prevención de estas enfermedades.

  • Comprobar que se mantiene una adecuada temperatura en la nevera y no sobrecargarla para dejar que el aire frío circule por todos los alimentos. Introducir los alimentos antes de las dos horas tras la compra.
  • Lavarse las manos antes, durante y después de la manipulación de alimentos.
  • Mantener superficies y utensilios bien limpios, y lavarlos después de cada uso.
  • Calentar bien los alimentos durante la cocción para que se destruyen posibles bacterias que puedan estar presentes en el alimento. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que tras la cocción aumenta el riesgo de crecimiento bacteriano debido al descenso de la temperatura.
  • No descongelar alimentos a temperatura ambiente; hacerlo en la nevera.
  • Lavar la fruta y verdura.
  • No poner en el mismo plato o superficie alimentos crudos y después cocinados para evitar la contaminación cruzada.

DIETAS CARENCIALES: PELIGROSAS Y NO SALUDABLES

3 de abril de 2013

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En nuestra sociedad, donde existe abundancia de alimentos ricos, hipercalóricos, listos para comer y a precios muy razonables, la obesidad es cada vez más frecuente. A la vez, esta sociedad esta impregnada por un culto al cuerpo sin precedentes, por lo que no es extraño que a la vez que aumenta la obesidad, un sector importante de la población tenga gran interés por mantener un buen aspecto físico y un peso normal.
En esta abundancia de manjares es difícil resistirse diariamente a las tentaciones, especialmente durante algunos periodos de celebraciones como Navidad, vacaciones etc. Ello conlleva a la ganancia de algunos kilos de peso y la necesidad, a veces vivida como una urgencia, de perderlos poco después. En otros casos es la presencia de una obesidad establecida e inveterada la que lleva a realizar cualquier tipo de dieta, en ocasiones desesperadas, dietas que, en algunos casos:

   – pueden ser peligrosas,
   – la mayoría no son saludables, y
    – casi nunca tienen ningún fundamento científico, o éste es erróneo.

Dentro de estas dietas se encuentran las dietas sin carbohidratos, sin féculas, sin grasa, sin proteínas etc.

Es cierto que esas dietas hacen perder peso, pero otra cosa muy distinta es que “funcionen” correctamente. En una persona obesa la perdida de peso debe ser a expensas del exceso de grasa, y esta pérdida sólo se produce lentamente. Si se pierde peso a base de eliminar agua, la persona puede deshidratarse, y además el peso perdido se gana rápidamente en cuanto se recuperan los líquidos que se habían eliminado. Si se pierde masa muscular en lugar de grasa se está ocasionado un perjuicio al organismo que, a largo plazo, favorece además la ganancia de peso.

 


El organismo necesita entre tres y siete días para adaptarse al cambio horario de primavera

3 de abril de 2013

imagesCA2Q7YEOEl cambio de horario que supone el paso del invierno a la primavera con un mayor número de horas de luz solar puede generar en algunos sectores de la población cansancio, malestar general, somnolencia e incluso alteraciones en el estado de ánimo.

Expertos del servicio de Neurofisiología del Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria (HUNSC), adscrito a la consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias, recuerdan que estas pequeñas alteraciones se superan en un corto espacio de tiempo de entre 3 y 7 días y solo si éstas persisten es recomendable acudir al médico por si estos síntomas se debiesen a otra causa.

Se trata de algunos de los efectos normales que se registran en el organismo puesto que las funciones de los órganos más importantes del ser humano dependen de la fabricación y secreción de hormonas vinculadas directamente con los ciclos de vigilia y sueño –cortisol y melatonina-, en este caso, alteradas por el cambio de horario de primavera que ha obligado a adelantar los relojes una hora.

En este proceso se produce una desincronización de los ritmos internos con los  ambientales. El comienzo de la secreción de melatonina se produce al caer la tarde, aproximadamente a las 19:00 horas y su máxima producción se registra entre las 02.00 y las 06.00 de la mañana. Al despertarnos con la luz del día, el nivel de cortisol ya está en alza para activar al ser humano.

“Es habitual en algunas personas la incidencia de esta astenia primaveral caracterizada por fatiga, cansancio, algún trastorno digestivo e incluso un menor rendimiento”, detalla la Dra. Soledad Mañas, neurofisióloga en la Unidad del Sueño del Hospital de La Candelaria. “Puede afectar a pacientes con patologías neurológicas o que toman medicación y también a personas mayores, ya que su mecanismo de adaptación es más lento. El sistema circadiano es muy sensible al tratamiento con fármacos y la estructura del sueño es de por sí muy frágil e inestable en personas con edad avanzada”.

Los expertos del servicio de Neurofisiología del Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria indican que existen tratamientos que implican el uso de cronobióticos,capaces de acelerar la sincronización de nuestro sistema circadiano con el ambiente y nuevo horario, entre los que se encuentran la fototerapia y la melatonina, pero sin duda, factores importantes que ayudarán a superar las pequeñas molestias del cambio horario de primavera es la dieta y el ejercicio


CALENDARIO FORMATIVO ABRIL 2013

2 de abril de 2013

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¿Qué importancia le das al simulacro? ¿Qué objetivos tienen los simulacros?

2 de abril de 2013

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Con los simulacros se pretende familiarizar a los integrantes de una empresa en las formas y maneras de actuación ante una situación de emergencia dentro de los condicionantes físicos y ambientales que cada centro posee. De este modo, se prueba la idoneidad y la suficiencia de los equipos humanos y de los medios, la detección de errores u omisiones en el contenido del Plan de Autoprotección y el entrenamiento de los integrantes de la empresa.

Los simulacros de emergencias constituyen una herramienta muy útil para la adquisición de buenos hábitos en situaciones de emergencia. Y es éste, el principal motivo por el que un simulacro no debe dejarse a la improvisación, y debe estar ensayado y entrenado de forma que se eviten situaciones peligrosas no controladas, y ayude a actuar con control y prontitud.

Los objetivos de la realización de un simulacro

–          Definir la forma de actuar, tanto a la hora de detectar la emergencia como a la hora de dar respuesta a la misma, ya que cada emergencia requiere una respuesta diferente para la evacuación y para el confinamiento.

–          Establecer la estructura jerárquica durante la emergencia, así como las relaciones de colaboración externa, especificando las personas, instituciones o equipos que deban ser avisados y utilizados.

–          Detectar errores u omisiones, tanto en el contenido del Plan de Autoprotección, como de las actuaciones para su puesta en práctica dentro de las condiciones de cada Centro.

–          Implantar la cultura preventiva  mentalizando de la importancia de los problemas relacionados con la seguridad y salud.

Son muchos los simulacros que llevamos realizando en   nuestras empresas. Aunque todos ellos son importantes,    destacar aquellos que se realizan en residencias, centros de días, colegios, escuelas infantiles…

Importante por el control y coordinación que deben de tener los integrantes de los equipos de emergencias, ya que en aproximadamente 10 minutos, deben de poder garantizar una evacuación de un centro, en el que pueden existir  ancianos con diferentes grados de    dependencia,  niños de hasta meses de edad.

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